El brillo parpadeante del fuego daba la sensación de un agradable ambiente hogareño, como si en cualquier instante fuera a aparecer una señora de cara maternal con unas galletas y una leche caliente (lo cual era imposible para la gente del sector, la casa aparentemente estaba "moralmente abandonada"), también con un poco de esfuerzo, se podía ver un viejo reloj, parecía en mal estado, pero aún daba la hora correcta.
La casona por fuera contrastaba totalmente con su interior, se veía muy poco cuidada, como si fuera a derrumbarse en cualquier momento.
Los vecinos de la villa temían acercarse demasiado, alimentando mitos de los más extraños, "En esa casa vive un viejo loco, escuché que conserva su jardín arrogandoles los intestinos molidos de gatos muertos, y luego sus cuerpos los cuelga como trofeos" decían, y los mas extremistas creían que en vez de gatos, el viejo cazaba niños indefensos que inocentemente buscaban la pelota en su antejardín.
Los vecinos de la villa temían acercarse demasiado, alimentando mitos de los más extraños, "En esa casa vive un viejo loco, escuché que conserva su jardín arrogandoles los intestinos molidos de gatos muertos, y luego sus cuerpos los cuelga como trofeos" decían, y los mas extremistas creían que en vez de gatos, el viejo cazaba niños indefensos que inocentemente buscaban la pelota en su antejardín.
Pero nadie, nadie sospecharía que adentro, en ese sillón que la ventana no dejaba ver a distancia segura, sentado y con su bastón en mano, se encontraba aquel anciano que todos creyeron loco y moribundo, ahí estaba, frente a la chimenea, mirando el viejo reloj, esperando que su casa en algún momento dejara de estar en pie, que su vida en algún momento dejara de estar en pie, y acabar con tan tormentosa y solitaria vida, por gente que de cobardía nunca lo visitó.
mejor me voy a hacer un barco de papel

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