sábado, 14 de marzo de 2009

Entre Lunas de Cartón

La casa tenía como el porte del mundo y la adornaban con bellos floreros de tierra, cuadros de grandes montañas, ríos y verdes planicies, el techo era algo ruidoso en el día, cuando las aves pasaban haciendo extraños sonidos, pero no era problema en la noche, donde todo era calma y paz. La piscina los ayudaba a pasar los calurosos veranos, donde los más chicos se entretenían con barcos de juguete. El menú era diferente todos los días, alguien les servía el almuerzo en grandes platos, nadie podía quedar con hambre, eso parecía. Tenían un extraño privilegio de tomar la ropa que quisieran, pero siempre se les veía con la misma tenida y en los inviernos se arropaban un poco más con algo que parecían frazadas café, y que en verano volvían a vender.
Cualquiera podría pensar que su vida era perfecta, pero un día todo cambió, cuando alguien se acerco, un tipo bien vestido, con rubia melena, algo enrizada, y les ofreció dejar de vivir en aquel puente mohoso y frió, los invitó a vivir en una casa algo mas pequeña y simple, de madera y con sólo una habitación, pero les aseguraba que sería mucho más cálida en los inviernos, la familia se extrañó por aquel oferta, más aun cuando vieron cámaras de televisión por todos lados. Pensaron que poco tenían para perder, le ofrecían una calidad de vida mejor y algo que llamaban felicidad, así que aceptaron aquel oferta de tan generoso señor, al que la gente comenzó a aplaudir y ovacionar inmediatamente.

No llevaban más de unos meses en su nueva vivienda cuando todo acabó, sin duda, un mundo sucio y descuidado ya había agotado sus últimas fuerzas, nadie lo cuidó y siempre solitario quedó, algo triste por la debilidad humana, que con facilidad es corrompida, y es capaz de dejar atrás toda esperanza de vida, por un poco de aquella verde felicidad.

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